Sólo vos sos vos
Los sonetos de Shakespeare, que vieron la luz hace algo más de cuatrocientos años, siguen provocando interés de variado tipo. Por el lado crítico, está la infaltable veta biográfica, que se aventura a averiguar algo más sobre la identidad sexual de Shakespeare, o lo somete a hipótesis psicoanalíticas, o descubre personas reales detrás de sus enigmáticas referencias. Está también la veta filológica, que bucea en los insondables sentidos polivalentes de sus palabras y construcciones. Hay interpretaciones sociológicas, morales y hasta teológicas. Siguen las indagaciones de intertextualidad, fuentes, influencias, tradiciones y epigonías.
Por el lado del lector no especializado, perdura el interés de pasearse por estos poemitas de amor, celos, resignaciones, dicterios, invectivas, meditación sobre el paso del tiempo y celebración de la belleza. Están además los traductores, quienes vienen ofreciendo sus versiones rimadas, ritmadas o prosaicas, glosadas, anotadas, autocríticas, bilingües o monolingües, ilustradas o limitadas austeramente al texto, parciales o totales, antológicas o de única mano.
Esta traducción es un experimento: Miguel Montezanti, quien ya ofreciera una traducción en verso de los Sonetos, se propone ahora una versión dentro de la lengua coloquial de los argentinos. Un Shakespeare rioplatense despertará nuevas sensaciones de lectura del clásico: Sólo vos sos vos interpelará nuestra identidad lingüística como partícipes de la poesía.
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